Dr. Asso: “El desfibrilador subcutáneo permite tratar las arritmias malignas sin implantar electrodos hasta el corazón”

assoRedacción.- El suplento del periódico “A tu salud” que publica cada fin de semana el periódico “La Razón” entrevista al Dr. Antonio Asso, Director del Instituto de Arritmias Cardiacas del Hospital Quirónsalud Zaragoza para saber más sobre esta especialidad.

Dado su interés compartimos con ustedes el texto publicado;

Pregunta- ¿ Qué es una arritmia?

Respuesta.- El corazón es una bomba hidráulica que genera presión para que la sangre circule, y eso se consigue porque el propio corazón posee un sistema eléctrico que es capaz de generar y distribuir el impulso eléctrico que ocasiona la contracción cardiaca. Cualquier alteración que se produzca en esa instalación eléctrica va a producir una arritmia, es decir, un trastorno del ritmo cardíaco.

P- ¿Existen diferentes tipos de arritmias cardíacas?

R- Sí. Su mecanismo de origen, síntomas asociados, pronóstico y tratamiento son muy diversos. Podemos clasificarlas tanto por el lugar donde se originan, dentro del corazón (arritmias ventriculares, que suelen asociarse a enfermedades previas y pueden ser peligrosas) o arritmias supraventriculares (se producen en la parte superior del corazón, son mucho más frecuentes y en general de buen pronóstico). También se pueden clasificar por su presentación en forma de ritmos lentos (bradiarritmias) o al contrario ritmos muy rápidos (taquiarritmias).

P-¿Cómo se manifiesta una arritmia?

R-Típicamente –aunque no siempre– el paciente siente palpitaciones, que es un término inespecífico que engloba la percepción de un latido cardíaco vigoroso, o irregular, o muy rápido. También es frecuente la percepción en el centro del pecho de un súbito incremento del pulso cardíaco. Otras veces, las arritmias se pueden percibir por sus consecuencias, en forma de molestia en el centro del pecho, mareos o síncopes repentinos incluso sin notar palpitaciones.

P-¿Cuál es su origen?

R-Es muy diverso. Las crisis de taquicardias que se originan en las primeras décadas de la vida suelen estar relacionadas con la existencia de diminutos circuitos de origen congénito en un corazón por lo demás sano. En otros casos los circuitos que posibilitan las taquicardias son consecuencia del desarrollo posterior y vienen favorecidas en ciertos mecanismos concretos por la coexistencia de ciertos factores como la hipertensión arterial, etc. En caso de las arritmias ventriculares suelen ser la consecuencia de enfermedades previas tal como un infarto antiguo u otras patologías –que pueden no haber sido detectadas anteriormente–. En estos casos los circuitos eléctricos productores de las arritmias surgen desde los bordes de la cicatriz del infarto sufrido años atrás y pueden tener un grave pronóstico si no se tratan convenientemente.

P-¿Influye el estrés o el estilo de vida?

R-No directamente. Sin embargo, la alta prevalencia de factores de riesgo comunes en las sociedades desarrolladas como la hipertensión, la obesidad, el sedentarismo, etc., favorecen el desarrollo de ciertas arritmias como la fibrilación auricular. Paradójicamente, esta arritmia es también más frecuente entre quienes practican durante años deporte de resistencia a alto nivel como atletismo, ciclismo…

P-¿Cómo se organiza el tratamiento del paciente en las Unidades de Arritmias?

R-En los últimos 20 años los enormes avances en ingeniería biomédica han permitido desarrollar técnicas para abordar con garantías muchas arritmias. Todos estos procesos de diagnóstico y tratamiento de los trastornos del ritmo se centran en Unidades de Arritmias integradas por cardiólogos subespecializados en este campo (electrofisiólogos) que se ocupan tanto de los aspectos intervencionistas como del implante de dispositivos electrónicos cardíacos como marcapasos, desfibriladores y otros.

P-¿Cuáles son los tratamientos más habituales para las arritmias?

R-Aunque pueden ensayarse de entrada los fármacos, lo más habitual es intentar opciones resolutivas mediante intervención: la llamada ablación con catéter. El procedimiento se realiza habitualmente mediante anestesia local o sedación consciente y requiere 24 horas de ingreso hospitalario. Consiste en introducir varios catéteres por las venas de la pierna hasta el corazón. A través de éstos se procesan las señales eléctricas obtenidas y se determina el mecanismo y origen de la arritmia. A continuación, se elimina cauterizando o congelando, según los casos, desde la punta del catéter la zona del corazón que origina o interviene en la propagación de la arritmia.

P-¿Qué novedades aportan los dispositivos electrónicos cardíacos implantables?

R-Entre estos dispositivos los más simples son los marcapasos, usados para tratar ciertos ritmos cardíacos lentos. Los dispositivos para tratar o prevenir las consecuencias de las arritmias ventriculares malignas (ritmos muy rápidos) son los desfibriladores, en sus diversos tipos. Por otra parte, algunos pacientes con insuficiencia cardíaca pueden beneficiarse de implantar un marcapasos o desfibrilador con un electrodo adicional que estimule el corazón también desde el lado izquierdo (dispositivos resincronizadores). La contracción simultánea del ventrículo derecho e izquierdo así conseguida mejora la función cardíaca en pacientes seleccionados de forma eficaz.

P-También se ha avanzado mucho con el desfibrilador subcutáneo…

R-Sí. El denominado desfibrilador subcutáneo (todos los implantables lo son) permite tratar las arritmias malignas sin implantar electrodos hasta el corazón, lo que reduce las posibles complicaciones que se producen con el paso de los años. Es un gran avance para ciertos pacientes con riesgo de arritmias malignas, aunque carece de otras funciones disponibles en los convencionales.

P-¿Qué grandes novedades hay en los marcapasos?

R-El futuro va hacia el marcapasos sin cables, que es una cápsula de menos de un centímetro cúbico y de dos gramos de peso que contiene miniaturizados todos los sistemas de un marcapasos convencional. Al anclarse directamente en el interior del corazón no requiere cables. El implante no necesita cirugía y se realiza a través de un catéter grueso desde la vena femoral de la pierna.



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