RELACIÓN MÉDICO-PACIENTE

Bartolomé Beltrán.-La relación médico-paciente constituye el núcleo fundamental del ejercicio de la Medicina. El Foro de la Profesión Médica aprobó por unanimidad, en su Asamblea General de 15 de junio de 2016, promoverla como  “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”, con el objetivo de proteger y potenciar dicha relación y sus valores,  y defenderla de las amenazas a las que se encuentra sometida en la actualidad, derivadas de presiones administrativas, tecnológicas, económicas y políticas, entre otras.

Ahora el  Foro de la Profesión Médica (FPME) ha hecho público el documento que fija las bases del procedimiento formal de solicitud para que la relación médico-paciente sea reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad a salvaguardar por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

La relación médico-paciente se engloba dentro de un modelo de relación humana que se remonta a los orígenes de la humanidad, como lo constatan numerosos documentos, entre ellos, el Código de Hammurabi, del siglo XVIII (1728 A.C.), relación que se desarrolló con un fuerte acento paternalista puesto de manifiesto en el Juramento Hipocrático (460-347 a.C.) y en la Oración de Maimonides (Córdoba 1138). Posteriormente, los avances científicos entre los siglos XVII y XIX influyen en esta relación que evoluciona hacia una concepción más holística con una visión del paciente como persona que precisa información. De esta forma, la comunicación, la escucha y la palabra se convierten en nuevos recursos terapéuticos.

En el siglo XX esta relación experimenta un profundo cambio de la mano de acontecimientos trascendentales como la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948); la obligatoriedad del consentimiento informado (1957); la carta de derechos del paciente (1973); y la Ley General de Sanidad (1986), entre otros. Todos estos hechos conducen a una Medicina basada en la afectividad, en la que la relación médico-paciente pasa a sustentarse en el respeto y en la confianza mutua. Dan paso a un paciente informado formado y con autonomía, cualidades fundamentales en esta nueva relación clínica para crear un ambiente propicio que va a promover no solo la salud sino también la seguridad y la capacidad de decisión del enfermo.

Esta transformación de la relación médico-paciente ha permitido elevar el nivel de confianza en la profesión médica que en este tiempo ha potenciado su papel proactivo y su compromiso ético con el bienestar del paciente, bajo los preceptos del profesionalismo y de los principios que inspiran el buen quehacer del ejercicio médico.

El documento, elaborado por un Grupo de Expertos en el seno del FPME, plantea el punto de partida del proceso a seguir para alcanzar ese reconocimiento de la UNESCO con la voluntad de hacer partícipe del mismo a la sociedad, a las instituciones públicas y, sobre todo, a los pacientes. En este sentido, ya cuentan con el respaldo de las principales asociaciones que les representan: Alianza General de Pacientes; Foro Español de Pacientes; y Plataforma de Organizaciones de Pacientes.

Con esta iniciativa, el FPME aspira a promover una relación médico-paciente de calidad, en colaboración con las Administraciones, instituciones sanitarias, organizaciones médicas y asociaciones de pacientes. Se trata de mantenerla como núcleo fundamental de la asistencia sanitaria centrada en la persona, que sea de alcance universal y con un funcionamiento eficiente.

Como vemos al final las cosas vuelven al principio y, en consecuencia, a su esencia, a la raíz fundamental del catalizador de todas las curaciones y de cualquier terapéutica, la relación médico-paciente. Seguro.

 

 

 

 



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