Valentín Fuster, en enfermedades cardiovasculares es necesario prevenir y educar

img_valentin_fusterRedacción.- Para Valentín Fuster, director general del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) y director del Instituto Cardiovascular del hospital Mount Sinai de Nueva York, el objetivo principal en enfermedades cardiovasculares es prevenir, educar y promover la salud, especialmente entre los jóvenes. Así lo indica en la entrevista concedida a El País y cuyos aspectos principales se comparten a continuación.

Pregunta. Dice que la forma de abordar la epidemia cardiovascular ha de cambiar. ¿Qué ha fallado?

Respuesta. Las enfermedades cardiovasculares están aumentando, lo que quiere decir que es un problema a muchos niveles. El primero es económico: la gente vive más tiempo porque tratamos mejor pero los medicamentos son muy caros y será muy difícil el mantener una financiación de un sistema de salud simplemente entrando en la enfermedad demasiado tarde. La tendencia ahora, por razones económicas, es identificar gente en riesgo y promover la salud desde los individuos más jóvenes.

Pregunta. ¿En eso están trabajando?

Respuesta. Trabajamos en comprender qué es la salud. Se sabe más de la enfermedad que de la salud. Intentamos saber cuáles son las características científicas que mantienen la salud. El aspecto económico está marcando la ruta: será más económico y barato el poder identificar la gente antes, a edades más tempranas, y promover la salud entre los niños.

Pregunta. ¿La gente es irresponsable con su salud?

Respuesta. No somos muy responsables de nuestra salud, individualmente hablando. Estamos en una sociedad de consumo donde es más fácil no cuidarse que cuidarse.
Ahora estamos usando tecnologías de imagen para identificar quién tiene ya la enfermedad o riesgo cardiovascular, para cambiar sus factores y sus hábitos. Y cuando un individuo sabe que está desarrollando la enfermedad, vemos cómo puede modificar los factores de riesgo. El problema es que esto es muy complejo en los adultos porque no cambiamos fácilmente de hábitos, incluso sabiendo que tenemos la enfermedad.
“Se sabe más de la enfermedad que de la salud”, sostiene Fuster

Pregunta. ¿Es posible, realmente, reducir los factores de riesgo (tabaco, obesidad, colesterol, presión arterial alta, sedentarismo…)?

Respuesta. Sí se pueden cambiar los hábitos, pero es muy difícil en los adultos. Hemos hecho dos proyectos donde vimos que el espíritu de comunidad es absolutamente crítico. Por ejemplo, reuniones como las de alcohólicos anónimos las hacemos para otros temas de salud. Lo hicimos en Cardona y otros siete municipios españoles. Son grupos de 10 que se reúnen (por ejemplo, uno obeso, otro hipertenso y otro con el colesterol alto) y se ayudan.
También llegará un momento en el que tendremos que dominar la industria alimenticia, entrar en la legislación. Medir la presión arterial debería ser obligatorio.

Pregunta. ¿Falla la educación?

Respuesta. En adultos, cuando entras individualmente, consigues poco. Pero el que es realmente fértil es el niño. Estamos trabajando con 50.000 niños de diferentes lugares del mundo para enseñarles desde los 3 años hábitos de vida saludables. Son 70 horas de trabajo en seis meses y funciona. Estas edades son la ventana de la oportunidad.

Pregunta. ¿Dónde queda la predisposición genética?

Respuesta. Es importante, pero no tiene que ser una excusa. Hemos publicado dos estudios en The New England Journal of Medicine que dicen que un individuo genéticamente predispuesto a una enfermedad cardiovascular, si se cuida, baja a la mitad los eventos [cardiovasculares]. No hay duda de que la genética es importante pero si se cuidan los factores de riesgo, baja la mortalidad.

Pregunta. ¿La investigación en cardiología camina en la línea de la prevención?

Respuesta. Se hace en todos los aspectos, pero hay una tendencia en ir a por la gente más joven. Uno ha de saber que la enfermedad empieza muy pronto, lo que pasa es que no se manifiesta. La arterioesclerosis empieza a los 15-20 años, lo que sucede es que la explosión del infarto es a los 50.



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