Los sofocos, acompañados o no de sudoración, son la manifestación más frecuente (8 de cada 10 mujeres los padecen) y uno de los principales motivos por los que la mujer menopáusica acude a la consulta.
Se describen como una oleada de calor en la cara y en el cuello, que se extiende al tórax. Pueden estar acompañados de un enrojecimiento difuso o localizado de la piel y/o de palpitaciones.
En muchas ocasiones, tras los sofocos pueden aparecer unos molestos escalofríos. La duración es bastante variable, desde algunos segundos hasta, en los casos más severos, 5 o 10 minutos.
Pueden presentarse durante el día o por la noche, interrumpiendo el sueño y siendo causa frecuente de insomnio y/o fatiga mental y física al día siguiente. Las mujeres pueden quejarse de los sofocos durante algunos meses o hasta cerca de 5 años, tiempo, en el que por lo menos la mitad de ellas, dejan de tener los sofocos. Sin embargo, en algunas mujeres, pueden persistir por un tiempo más prolongado, de hasta 15 ó 20 años.
Existen tratamientos farmacológicos para aliviar los sofocos, que hoy día tienden a ser no hormonales. Hay otras alternativas que han demostrado su eficacia en el alivio de los sofocos, como tener un ambiente más bien frío en la habitación y evitar los ambientes calurosos. Los ejercicios regulares también reducen los sofocos. Los ejercicios de relajación muscular pueden disminuirlos hasta en un 40%, así como alguna técnica de acupuntura.