La obesidad severa se define cuando el IMC (Indice de Masa Corporal) es igual o superior a 35. Esta relacionada con un gran número de enfermedades asociadas, que tienen impacto sobre la salud y la calidad de vida, al tiempo que acortan la esperanza de vida.
Como la obesidad es una enfermedad crónica, sus síntomas se desarrollan gradualmente a lo largo de los años. En sus etapas iniciales, la obesidad dificulta la marcha, produce dolor de rodillas, de espalda, cansancio y falta de aliento. Se reduce la capacidad para la realización de las labores de la vida diaria: caminar, subir escaleras, ponerse calcetines o medias, atarse los zapatos, problemas en el aseo personal, alcanzar objetos de estantes altos, dificultades en las relaciones sexuales…
Si la obesidad severa persiste pueden aparecer enfermedades potencialmente mortales, como la diabetes tipo 2, la hipertensión, artrosis, ciertos tipos de cáncer, colesterol elevado apneas del sueño y mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio y/o trombosis cerebral).
En esta etapa de obesidad severa, los objetivos de pérdida de peso difícilmente se alcanzan con las medidas habituales para perder kilos (alimentación, ejercicio, empleo de fármacos para la obesidad) ya que son menos efectivas cuanto mayor es el peso de la persona.
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